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¿Qué es la SurDA?

La SurDA es una historia que este año 2012 llega a las dos décadas. Nace a principios de los noventa, en el contexto de la transición pactada entre la dictadura militar y la elite concertacionista, surgiendo entre colectivos políticos principalmente universitarios una reflexión y acción política común asociada con una crítica e intento de superación de las izquierdas del siglo XX, marcadas por esos años por el derrumbe de los socialismos reales, y la consolidación de una hegemonía mundial del capitalismo bajo clave neoliberal, y con un dominio e iniciativa política e ideológica generalizada de las derechas, los poderosos y las clases dominantes en casi todos los rincones del mundo.

Las circunstancias de Chile, sumergido por esos años en una transición restringida a una democracia limitada y con múltiples mecanismos de control de las oligarquías y el pinochetismo, y una Concertación que decantó muy tempranamente hacia posturas de sumisión cooptación, y conversión hacia el neoliberalismo y una convivencia y cercanía con los sectores dominantes, acentuaban la dificultad de los esfuerzos políticos emergentes, sin grandes estructuras, sin el anclaje del ya diluido movimiento social surgido en la lucha contra la dictadura, sin referentes globales, sin proyecto claro. En ese contexto, una revista terminaría nombrando al movimiento: la Revista SurDA, donde se intentaba abordar el contexto político ampliamente antipopular en que se desenvolvía la “vuelta a la democracia”, y también, una revisión profunda a las derrotas y fracasos de las izquierdas del siglo XX. En ese intento de reactualización del ideario y las prácticas al momento actual, este esfuerzo colectivo llamado SurDA, desde sus inicios se planteó de manera continental: era una otra izquierda, una izquierda del Sur. De ahí el juego de palabras que cambia la “z” por la “s” en “SurDA”, mezclando la palabra zurda con el Sur, más que en su sentido geográfico más obvio, expresando la identificación y el sentirse parte de los movimientos emergentes del Sur de América con todas las regiones y lugares del mundo dominados, subordinados, explotados.

Corrían los mediados de los noventa, y los procesos políticos a nivel continental que hoy vemos en etapas muy altas de maduración, ya emergían y surtían un cúmulo de experiencias y saberes que nuestro movimiento (y obviamente también la revista que nos identificaba): el crecimiento de la izquierda brasileña liderada por el PT y Lula, o la del Frente Amplio en Uruguay, y sobretodo, el alzamiento zapatista en Chiapas que era el más referencial pero en ningún caso el único, de una nueva etapa de luchas de los pueblos originarios, ahora con una fuerte identificación con la Autonomía. Nuestro movimiento se sumó a esas preguntas y búsquedas incipientes de esos movimientos, y de ahí la construcción de espacios autonomistas en muchas universidades a lo largo del país, que comenzó a constituir mayorías y gobiernos estudiantiles encabezados por la Surda y el autonomismo a fines de la década.

Junto con eso, la incidencia fuera de las universidades también crecía. Algunos sectores del movimiento sindical contaban con alta incidencia de la SurDA (SINAMI, FENPRUSS), y algunos esfuerzos a nivel territorial decantaron en la construcción y apoyo del proceso de la “Toma de Peñalolén”, la primera toma de terrenos masiva de pobladores desde los tiempos de la Unidad Popular.

A inicios de la nueva década y milenio, la SurDA, con una acumulación de experiencias y bagaje social e ideológico importante, emprende un conjunto de reflexiones y debates en torno a lo que se llamó “la emergencia política” del Movimiento, es decir, la proyección de nuestros esfuerzos, hasta ahora entendidos como “bastiones de organización y lucha popular”, a la escena de la política a nivel nacional, incluyendo también las disputas electorales.

Ya por esos años se veía venir un progresivo agotamiento y desquebrajamiento de la Concertación, y desde la SurDA se comenzó, desde muy temprano de ese proceso, a visualizar la construcción de un nuevo “polo político” que incluyera tanto a los sectores más genuinamente progresistas y de izquierda dentro del conglomerado concertacionista, como los de la izquierda llamada “extraparlamentaria”, y sobretodo, al amplio y diverso abanico de fuerzas y actores sociales, en especial las nuevas generaciones, que permanecían excluidos de la “jaula de hierro” instaurada desde la Constitución del 80 y los múltiples dispositivos de amarre y cerco político configurados en la “transición a la democracia”.

Tal plan político fue acordado en la emblemática Conferencia Político-Orgánica del año 2002, que tuvo como resultado un extenso documento donde se analizaba en detalle la crisis creciente del proyecto concertacionista, su agrietamiento, su pérdida de sentido. Eran los años en que la esperanza de que el Gobierno de Lagos significara un viraje a la izquierda tras las dos primeras presidencias democratacristianas, se desvanecían con un estilo de gobernar autoritario, que mantenía la senda neoliberal, y la sellaba con un Presidente “socialista” que ponía su firma y nombre en la Constitución pinochetista y terminaba siendo “amado” por el alto empresariado. En esas circunstancias vino la primera gran aparición pública de la SurDA: un grupo de estudiantes universitarios realizaba una Toma del muy empresarial Centro de Estudios Públicos (CEP) justo cuando ahí se iba a realizar un encuentro entre Lagos y el alto empresariado.

Por esos años la SurDA va dando pasos que la distanciaban de las izquierdas más tradicionales, en la búsqueda de construir un ideario, un discurso, y una práctica de nuevo tipo, que la acercara a las realidades y necesidades políticas del Chile, el continente, y el mundo actual. Tal pretensión quedó plasmada ejemplarmente en un documento presentado, muy simbólicamente, en las conmemoraciones de los 30 años de la derrota de la Unidad Popular chilena con el golpe militar de 1973 en un salón repleto del entonces Edificio Diego Portales (ex UNCTAD, ahora Museo Gabriela Mistral), donde el fundador y Coordinador Nacional de aquél entonces, Carlos Ruiz, motivó una ovación tras presentar la ponencia de Reimaginar la Izquierda . El discurso expresaba también la crítica y la disputa de sentido dentro de las izquierdas que, sobretodo entre los jóvenes y campus universitarios, la SurDA hacía crecer en varias ciudades del país.

Como mencionábamos más arriba, la creciente presencia y resonancia de la SurDA la llevó a perfilar su “emergencia política”, es decir, el emerger desde los anclajes sociales donde se encontraba, a las correlaciones de fuerzas que estructuraban el cerrado mapa político del Chile de la eterna “transición a la democracia”. En ese contexto, tanto el decaimiento progresivo del proyecto político concertacionista, como la lenta reconstrucción del campo de las organizaciones y movimientos sociales eran datos que permitían imaginar la creación de un polo político mucho más amplio que la cada vez más testimonial izquierda tradicional, incapaz en todos esos años tanto de generar una expresión electoral atractiva a las mayorías, como de regenerar sus lazos con el mundo social organizado. Esas convicciones se plasmaron en la política de “Un Frente Amplio para un Nuevo Chile”, con la cual, tomando como referente la amplitud y diversidad del referente de izquierdas de Uruguay, se proponía la construcción de un espacio que aglutinara en igualdad de condiciones y con vocación de generar una nueva mayoría y gobierno popular en Chile, a todas las fuerzas políticas y sociales excluidas del mapa del poder institucional.

Sin embargo, un par de sucesos vinieron a obstaculizar el desempeño de tal política. Por un lado, los dos referentes partidarios excluidos del binominal, el Partido Comunista y el Partido Humanista, lograron convocar a otras organizaciones políticas y sociales en el referente “Juntos Podemos”, que si bien demostraba alguna vocación de ampliarse y convocar más abiertamente, seguía muy marcadamente como un espacio de las izquierdas tradicionales y en especial del predominio del PC dentro de ellas. Por de pronto, a la construcción de tal referente no fue invitada la SurDA, y otras organizaciones menos afines a aquél. El otro suceso que hizo taponear el desenvolvimiento de tal política fue que ella estaba atada, junto con la creación de un referente amplio de organizaciones, a el perfilar una candidatura presidencial que expresara a tal arco de fuerzas progresistas y de izquierdas. Justamente, el candidato que se perfilaba con tales características, se vio envuelto en unas dudosas acusaciones judiciales que lo terminaron no sólo marginando de la carrera presidencial, sino que de la vida política por un buen tiempo. Entretanto, desde dentro de la Concertación emergía la figura muy mediática de Michelle Bachelet, que por su perfil progresista lograba atenuar las discrepancias internas en los sectores más críticos de la coalición gobernante, impidiendo las tensiones y los quiebres que se veían venir, y quitando espacio a la mencionada política frenteamplista que proponía la SurDA.

Las carencias derivadas de la falencia de una política nacional que diera pasos claros de avance también fueron repercutiendo en los anclajes sociales con los que contaba nuestro Movimiento. En un primer momento, la formulación de la política reseñada anteriormente de intentar emerger al mapa de la política nacional, tuvo en algunos sectores de la SurDA una resistencia y alejamiento de parte de ellos, en especial compañeras y compañeros del trabajo territorial y poblacional, con la emblemática Toma de Peñalolén, con presencia SurDA, como mayor ejemplo: de ahí y otras dirigencias poblacionales emergería el movimiento ANDHA Chile a Luchar , y el más reciente referente partidario emergido de esos espacios y otras organizaciones más, Partido Igualdad. El trabajo en el área de trabajadores, por su parte, mostraba cierto estancamiento a pesar de cierta participación en las elecciones de la CUT, en conjunto con el movimiento Fuerza Social y Democrática: sin una política nacional clara y que avanzara, el trabajo de los dirigentes sindicales de la SurDA tenía pocas conexiones con la organización SurDA en cuanto tal. Así las cosas, el mayor anclaje social del Movimiento, el trabajo en el movimiento estudiantil universitario, seguía creciendo en resonancia y presencia en las universidades, pero tenía la falencia de no tener una expresión nítida a nivel nacional, y por tanto, tendió a hacerse excesivamente local y tensionado entre las dinámicas locales y los intentos de proyectar el Movimiento a la escena política nacional: entre los referentes “autonomistas” levantados en muchas ues y facultades y la política del polo o frente amplio mencionados, no se tenía más conexión o intercomunicación. La preocupación por la interlocución con otros espacios y organizaciones tendió a ocultar la necesidad de una construcción interna del Movimiento más sólida, que permitiera afrontar los escenarios políticos en curso y los planes aprobados por la organización.

En ese escenario, llegamos a la Elección Presidencial del año 2005, con una emergente candidatura de Michelle Bachelet que taponeaba las posibilidades de desgajes y quiebres en el ala más progresista y de izquierdas de la Concertación. Dentro de la SurDA, se dio un álgido debate en torno al posicionamiento del Movimiento frente a la Segunda Vuelta entre Bachelet y Piñera. Terminó acordándose, no sin pocas críticas y prevenciones, la opción por emitir un pronunciamiento contra la posibilidad de un triunfo derechista, en una declaración titulada “No a Piñera y el avance de los poderosos!” , que mantenía la postura de oposición de la SurDA, tanto al eventual Gobierno de Bachelet, como al devenir general de la Concertación en su conjunto.

A poco andar del cuarto Gobierno concertacionista, sin embargo, quedó claro que se mantenía el rumbo y que, pese a tibios intentos en su inicio, seguirían conduciendo los mismos de siempre, y habría mucha continuidad y muy poco cambio. Tal cosa queda expresada en una Carta abierta de la Surda a Michelle Bachelet , en la cual se interpelaba al nuevo Gobierno por la real voluntad de llevar a cabo las propuestas y promesas pronunciadas durante su campaña.

Como es sabido, a poco andar del Gobierno de Bachelet, una gigantesca movilización estudiantil encabezada por los estudiantes secundarios pondría a prueba los verdaderos alcances del progresismo y programa ciudadano que decía enarbolar. En ese contexto, la SurDA, con importantes presencias en las Universidades, fue sindicada por algunos medios como quien “estaba detrás” de la revuelta pingüina. El Mercurio encabezaba su reportaje con un “La Surda, mano derecha de los secundarios”, a lo que desde acá se contestó rápidamente negando públicamente tal cosa, y respaldando e insistiendo en la autonomía del movimiento social. Reiteramos semanas más tarde con una Declaración de respaldo y saludo a todas y todos quienes participaron en la, hasta ese momento, mayor movilización social desde la caída de la dictadura militar, en una declaración titulada   A los pingüinos, a su grandeza, a nuestro futuro esplendor.

En ese contexto de ya evidente decaimiento del proyecto concertacionista, también quedaba claro que, para la SurDA, o se hacían cambios importantes en nuestro funcionamiento y manera de entender la organización, o iba a continuar el estancamiento del Movimiento en cuanto tal, a pesar de que las intuiciones y certezas maduradas en su seno, seguían avanzando y cobrando fuerza. Con ese espíritu, a mediados y fines del 2006, se realiza un proceso de Congreso SurDA, el primero en su historia, en el que se intentó abordar su recorrido y desafíos presentes. Tal instancia permitió formular una especie de revisión histórica y dio espacios para cuestionamientos y críticas al momento actual de la SurDA, y fue una especie de preparación de posturas que se evidenciarían a comienzos del 2007, en una asamblea nacional donde se presentaron algunas tesis para continuar el camino. Es ahí donde un sector, encabezado por el entonces Coordinador Nacional del Movimiento, Rodrigo Ruiz y con especial presencia en el ramaje de la SurDA de la UTEM, propone recorrer un camino hacia disolvernos en un referente más amplio, que nos permitiera emerger a la política nacional y superar las limitaciones que veníamos teniendo. En otras palabras, se proponía una SurDA que, como mancha de aceite, dejara de aspirar a una orgánica centralizada, para impregnar de surdez a los diversos espacios y articulaciones sociales y políticas que se venían dando por esos años. Como contraparte, un sector que mostró ser mayoritario, defendía la idea de continuar como SurDA, sin desechar la conformación de un bloque social y popular donde la SurDA tuviera expresión y participación activa. Al triunfar en votación ésta última opción, el sector mencionado decide, explícitamente, o bien en los meses siguientes, desvincularse del Movimiento, aunque manteniendo ciertos lazos con la orgánica SurDA.

Entre el grupo que prosiguió como SurDA, las dificultades en encontrarle la vuelta a las tensiones y contradicciones internas hicieron que el 2007 transcurriera sin mayores avances, hasta que tal situación desembocó en una nueva escisión: esta vez, un sector mayoritario entre los referentes estudiantiles de la SurDA, y con especial cercanía con el anterior fundador y Coordinador Nacional del Movimiento, Carlos Ruiz (quien estaba alejado de la organización hace un par de años), retoma la de crisis interna, y propone la disolución, o bien el congelamiento del Movimiento, sobretodo por la falta de unidad política y el riesgo de la identidad SurDA fuera sumergida en los referentes que se venían constituyendo con participación SurDA, en especial, con Fuerza Social, Movimiento Nueva Izquierda, y otros, que finalmente decantó en el, de corta duración, Movimiento por la Democracia y la Justicia Social, MDJS. Esa posición, al no ser aprobada por mayoría, decide abandonar el Movimiento y anunciar su final definitivo.

Es en ese contexto que un grupo decide formular en un documento una carta de ruta que expresaba tales nuevas realidades, y donde se plasmaba la voluntad de reconfigurar lo que se entendía como SurDA hasta entonces. En ese escrito, “Reimaginar la política para los nuevos desafíos”, se hace una severa pero empática crítica al momento que vivía la organización-red SurDA, afirmando la necesidad de seguir adelante, pero teniendo en cuenta las dificultades y complejidades mencionadas, asumiendo el carácter de una SurDA con múltiples brazos y presencias en espacios de articulación política y social, y donde debían reconocerse y potenciarse los esfuerzos también individuales que llevaban a cabo surdas y surdos en varios espacios, y una menor preocupación en priorizar y jerarquizar nuestros esfuerzos colectivos. En resumen, una SurDA que es más una red que una orgánica.

Con esas convicciones, y mientras un sentido común autonomista siguió creciendo en variados espacios sociales (en especial en las universidades, pero también en otras organizaciones e iniciativas), y mientras de manera sorprendente el nombre o chapa de la SurDA seguía teniendo una adhesión o al menos confianza importante entre las nuevas generaciones (ver estudio “Participación política y social alternativa en jóvenes” de la Universidad Central de fines del 2008), este grupo siguió participando, como se dijo, más como red que como orgánica centralizada, en algunos espacios sociales, y en términos de articulación política, un grupo participa en la construcción y legalización del Movimiento Amplio Social, MAS, que por una parte expresaba un quiebre de sectores progresistas y de izquierdas con los partidos constituidos de la Concertación, y por otra preparaba la candidatura presidencial del Senador Alejandro Navarro. Mientras, otros se acercaron a la candidatura de Jorge Arrate que impulsaba sobretodo el Partido Comunista (ver nota “Surda y lumbreras de la izquierda proclaman a Jorge Arrate”), lo cual motivaría una controversia pública con respecto a tal posicionamiento, pues dicho sector había sepultado a la Surda como referente existente (ver entrevista a Carlos Ruiz “La Surda pudo haber sido una fuerza ideológica y políticamente nueva, pero no lo hizo”, y los posteriores  “La Surda, Arrate y la renuncia de los “nuevos viejos” de Cristián Cepeda, y la colectiva declaración de Surdos y Ex Surdos ante supuesto apoyo del Movimiento a Candidatura de Arrate). Se trataba de otro descuelgue del Partido Socialista, en un fenómeno que se amplificó durante todo el 2009: la salida de militantes y dirigentes del mundo disidente y “díscolo” de los partidos de la Concertación, en el contexto de las venideras elecciones parlamentarias y presidenciales de ese año. Tal situación decantó aún más, con el surgimiento y crecimiento de la candidatura de Marco Enríquez-Ominami, que en varios sentidos terminó expresando lo que venían siendo algunas convicciones e intuiciones producidas al interior del colectivo SurDA: el decaimiento progresivo de las legitimidades y estabilidades de los gobiernos de la Concertación, la contradicción creciente entre sus sectores más progresistas con los neoliberales, las rupturas y desgajes de algunos de sus sectores del ala más izquierda y progresista, la emergente necesidad de las nuevas generaciones por encontrar referentes políticos que las y los expresen.

Esa vocación, y los motivos de la participación de un grupo de surdas y surdos en dicha campaña, fue expresada en algunos documentos: “Entre la refundación del gobierno de los poderosos o la construcción de un nuevo ciclo político para Chile”, “Derrotar el pacto de gobernabilidad de los poderosos: La urgencia política para una Nueva Mayoría”.

La segunda vuelta presidencial que enfrentaba a dos candidatos de origen y perfil neoliberal, y en especial, un candidato concertacionista que expresó durante su mandato como Presidente de la República una profundización y consolidación de la tendencia neoliberal y antipopular en nuestro país, motivarían dos nuevas declaraciones que seguían en la línea trazada casi dos décadas atrás en las primeras intuiciones que configuraron la SurDA: “No somos sangre nueva para viejos fracasos: Piñera no, Frei tampoco”; y una a pocos días de la votación que, todos preveíamos, pondría nuevamente a la derecha pinochetista en La Moneda: “Por la derrota del poder de las derechas: A construir la oposición creciente de las mayorías y el Nuevo Chile”. Tal línea de trabajo se proyectó en la actualidad en la participación de un grupo de surdos en el Partido Progresista, PRO.

La caída de los gobiernos concertacionistas y, más en general, del proyecto que expresan desde los sucesivos pactos de la transición pactada en adelante, cuyas características dieron forma e hicieron surgir esta historia llamada SurDA, vinieron a confirmar intuiciones y certezas políticas que vienen construyéndose dentro de este (a estas alturas) movimiento en red, y que vienen a reafirmar políticas, posturas, y esfuerzos de articulación y expresión política que venga a reinventar el marco de la política en nuestro país. La crisis de representatividad y el declive general de las estabilidades que caracterizaron a Chile durante las décadas de los gobiernos de la Concertación, y la masiva irrupción de movimientos y movilizaciones sociales tras la asunción de Piñera y posterior al terremoto (el cual vino a poner una serie de fragilidades del sistema en su conjunto), trazan un camino histórico que, muchos, sentimos que viene a afianzar las convicciones políticas que dieron (y dan) sentido a un movimiento-red como la SurDA. Debido a eso, los últimos tiempos mucho de nuestros esfuerzos y participación viene dada por una activa participación en las nuevas redes sociales, medios, espacios, y redes en general, que tienen una expresión visible y cotidianamente actualizada en la página facebook, y también en twitter y otras plataformas.

Como nueva demostración de la vigencia y fuerza de la historia aquí intentamos esbozar, un triunfo autonomista, propio de los espacios forjados a partir del aporte de este movimiento-red desde hace tantos años, vino nuevamente a triunfar en la elección de la más emblemática federación de estudiantes universitarios de Chile, bajo el referente autonomista Creando Izquierda (ver Sobre el triunfo Autonomista en la FECH: artículos de opinión y reacciones políticas).

Interesante también, en lo más actual, esta entrevista a Rodrigo Ruiz , donde se tratan temas de actualidad, y con un sentido autonomista que, muy seguro, interpreta a muchos de nuestra red.

Sin duda, esta Historia continuará…

Con la Esperanza Intacta, nuestro Norte es el SUR,
Construyendo un nuevo Chile!

(Documento siempre en construcción)
Para contacto y mayores informaciones: movimientosurda@gmail.com


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