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Por la derrota del poder de las derechas: A construir la oposición creciente de las mayorías y el Nuevo Chile

Declaración del Movimiento SurDA a días de la segunda vuelta presidencial

Pasaron los días tras la primera vuelta del 13 de diciembre, y todo parece indicar que los pronósticos de que sus resultados provocarían una inflexión política de rango histórico en nuestro país parecen confirmarse. Mucho más que un eslogan electoral, la frase “Chile cambió” va concretándose en numerosas expresiones visibles a los ojos de todo quien (sin prejuicios ni intereses preconcebidos) quiera verlas. A pesar de la permanencia de las pesadas estructuras y herencias políticas, sociales, culturales y económicas que nos deja el Chile dictatorial y neoliberal que nos precede, vivimos tiempos en que importantes transformaciones y rupturas maduradas durante los últimos tiempos, comienzan a ser manifiestas e innegables, incluso para quienes las han torpedeado e intentando ocultar y obstruir.

Primero que todo, asumimos como un acierto nuestra participación activa en la campaña presidencial de Marco Enríquez-Ominami, que aún tiene a muchos analistas y miradas conservadoras intentando traducir lo nuevo a los parámetros y filtros de análisis propios, precisamente, de lo que está comenzando a quedar atrás en nuestro país. Algunos parecieran exigir que asumamos que nada ha pasado, que se trata de lo mismo de siempre, y que, por tanto, tengamos que asumir también las mismas posturas y lógicas a las que nos tiene acostumbrada la política añeja de la transición pactada, la de una democracia muy imperfecta e insuficiente, la de negociados y transacciones hechas entre cuatro paredes por unas elites cada día más desprestigiadas y carentes de legitimidad.

Así, se exige de hecho, que Marco y quienes participamos de su candidatura asumamos “un liderazgo” que implica endosar y “llamar a votar por”, como si a ese un millón y medio de chilenas y chilenos, y sus demandas, anhelos, y distintas identidades, hubiera que reducirlos a un botín de negociaciones, a algo monolítico y traspasable al candidato del continuismo. Nos llaman a “definirnos” como si el puñado de hombres y mujeres que participamos más directamente en la campaña de Marco tuviésemos la manija para hacerles creer a quienes optaron por nuestra candidatura, que de lo que se trataba finalmente era optar por el “mal menor” para sumergirnos en el miedo a que ganen los más reaccionarios y dictatoriales.

Es decir, no sólo de que nos convenzamos a nosotros mismos de modificar convicciones forjadas por años y años de un co-gobierno bien poco pudoroso entre la Concertación y los ex pinochetistas (“pinochetistas” secas quedan bien pocos), sino que además, de que convenzamos a la totalidad de ese millón y medio de personas de lo que ellos mismos no han logrado en 20 años, y que, para más remate, lo han ido empeorando con el correr del tiempo. Mientras tanto, sigue creciendo la extendida sensación, seguramente más profunda que la campaña del terror de última hora para “derrotar a la derecha”, de que el grueso de las cúpulas concertacionistas abandonaron hace rato una genuina vocación democratizante (algunas quizás no la tuvieron nunca), se enajenaron en su falta de proyecto político y simplemente se dedicaron a administrar y profundizar un modelo político, social, y económico altamente excluyente, desigual, lleno de contradicciones e insuficiencias.

En ese contexto, la SurDA respeta y hace respetar las opciones de un pueblo llano concertacionista y unas izquierdas movilizadas por el terror a la llegada de los más conservadores y reaccionarios, pero también la de muchísima gente honesta y sin mala voluntad que, por equívocos de complejas razones y raíces históricas o por carencias de educación y formación política, está optando votar por el candidato multimillonario, especulador, y expresión de lo peor de nuestra sociedad, a fin de cuentas, un miembro recientemente incorporado a la elite de la oligarquía chilena, que expresa en él su oportunidad de renovar y reactualizar su liderazgo histórico tan desgastado tras su incursión golpista y dictatorial.

Por tanto, y aunque sea una obviedad para muchos, decimos claramente que el muy posible triunfo de Piñera no debe ser motivo de esperanzas de cambio, ni de alegría ni festejo alguno para nadie en esta angosta y larga faja de tierra, y los días que vienen seguiremos, cada día mayor fuerza, diciéndolo claramente: nos preparamos, sea quien sea quien triunfe el próximo domingo, para ser una oposición creciente, combativa, y sin medias tintas ante todo intento de profundizar las desigualdades, los conservadurismos, y las visiones reaccionarias y no emanadas de los mayoritarios anhelos de transformación progresista, libertaria, democrática, que creemos avanzan y maduran entre nuestro pueblo.

A no dejarse engañar, lo que los porcentajes de votos ocultan lo dicen los números muy nítidamente: la cantidad de chilenas y chilenos que optan por las opciones políticas dominantes viene disminuyendo sostenidamente desde 1988, e incluso el posible triunfo de Piñera es respaldado por menos votos que el derrotado Pinochet en el plebiscito de ese año. Esos datos nos muestran la urgencia política que debemos encarar sin demoras ni ambigüedades: constituir una alternativa clara que asuma como tarea la ruptura y la invención política que encarne los deseos de transformación social y fundación de un nuevo Chile.

Por lo mismo, rechazamos firmemente la guerrilla de descalificaciones, chantajes, y burdos argumentos que nos intentan colocar a todos quienes no concurriremos a apoyar al candidato del continuismo como facilitadores, cómplices o traidores al servicio del avance derechista. Lo diremos claramente: si hay a quienes esos apelativos deben convocar a la reflexión por sus actuaciones pasadas y presentes, esos están en la Concertación, no en quienes hemos emprendido una búsqueda, con errores y aciertos, con triunfos parciales pero mayormente dificultades y obstáculos, para construir una nueva política que imagine, invente, y ponga en marcha los anhelos de transformación social y la generación de una nueva etapa política en el país

Que nadie se confunda: quebrar el cerco político binominal en las elecciones presidenciales de primera vuelta es una victoria que celebramos y estimula políticamente nuestra alegría, son avances que irán produciendo nuevos procesos, uno de ellos está hoy en curso y supone el fin de un ciclo político en que la Concertación fue de muchas maneras hegemónica en la política y el imaginario colectivo del país. No es posible en estos momentos afirmar que el poder de las derechas y de su visión de mundo retroceden, pero hay señales inequivocas de que una parte importante de nuestro pueblo ha ido superando el letargo individual y la apatía política, para comenzar a activarse desde una mirada abiertamente progresista. de izquierda, libertaria.

Sobre nuestras opciones este día domingo

Tras la primera vuelta señalamos públicamente que “No somos sangre nueva para viejos fracasos: Piñera no, Frei tampoco”, y no hemos visto, salvo algunas señales y gestos insuficientes de última hora, nada que sea distinto al más puro oportunismo electoral, o la desesperación de última hora al ver tan cerca la derrota y la pérdida del poder y los privilegios acumulados por las elites concertacionistas. La Concertación es para nosotros y nosotras proyecto agotado, el actuar de sus cúpulas únidas a las de los partidos de derecha ha obstaculizado y servido de cerco contra la emergencia de una política desde y para las mayorías de nuestro Chile.

Hoy, nuestro esfuerzo está definido por la vocación de aportar desde cada espacio surdo, desde cada espacio, territorio y movimiento social con presencia surda, hacia el despliegue y maduración de nuevos instrumentos políticos y sociales para que las mayorías que se vienen activando encuentren su espacio de desarrollo y empoderamiento colectivo.

Creemos que la unidad de las voluntades progresistas, libertarias, y con vocación de transformación social, no pasa por construir un tercer salvataje político para una coalición que se disfraza cada cierto tiempo como opción para frenar a la derecha, mientras co-gobierna y le abre paso a su avance con la mayor parte de sus acciones y omisiones. Hoy la unidad supone prepararse para fundar un nuevo proyecto político que vaya mucho más allá de la propia Concertación y de las izquierdas tradicionales.

Por lo anterior, cualquiera sea la opción personal de Marco para este domingo, nos sigue y seguirá expresando, porque su liderazgo ha encarnado genuinamente la emergencia de una reinvención de la política, acorde con las realidades y tendencias del presente, respetuoso y promovedor de la diversidad y la autonomía de las personas, del diálogo y la construcción colectiva y de las mayorías de un nuevo Chile que haremos crecer en la década del Bicentenario, sea quien sea el tenor del gobierno próximo.

Nos mostraremos respetuosos de la decisión que tome, incluso si eso supone un llamado a votar por Frei o la expresión pública de que él personalmente lo hará. Lo que sí esperamos es que la Concertación y los medios de comunicación no tengan la oportunidad de hacer una postal. El gesto político debe ser coherente con el discurso anterior, la foto y el apretón de manos diría algo distinto y poco compresible para muchos de quienes nos hemos sentido interpretados políticamente.

Comprendemos perfectamente la naturaleza diversa y la importancia de las presiones que se ejercen sobre su liderazgo, no solo acá, sino también afuera de nuestras fronteras, porque nadie en el continente (salvo los Uribes, Alan Garcías, y las derechas más reaccionarias y neoliberales) tiene motivos para festejar con Piñera en el gobierno chileno. Frente a ese panorama no debe ser fácil decidirse políticamente, en un escenario tan complejo y donde se debe responder a la confianza de tantos chilenos y chilenas que, proviniendo de distintas identidades políticas, sociales, culturales, se han sentido convocados nuevamente con una expresión política que comienza a mostrar una real vocación de imaginar y concretar una “nueva política”, y que han visto dignidad y respeto en la acción de declarar libertad de acción respecto al voto en segunda vuelta.

De nuestra parte, y más que haciendo un llamado a seguir nuestra decisión, difundiendo nuestra mirada y postura con transparencia y apertura a otras opciones, y aunque sabemos que las dos opciones de la papeleta del domingo no son lo mismo, decir que la mayor parte de las y los integrantes del Movimiento SurDA y nuestros entornos de debate y acción más cercanos no concurriremos con nuestro voto a favor del llamado al “mal menor” y nos declaramos desde ya en oposición frente al próximo gobierno, sea cual éste.

Es la hora de sumar fuerzas, crecer, multiplicarnos y constituir, resueltamente, las condiciones para que pronto las mayorías empoderadas sean gobierno y futuro de transformaciones libertarias en nuestro país.

Con la esperanza intacta y la mirada puesta en una década refundacional para nuestros pueblos,
Coordinación-Vocería nacional del Movimiento SurDA
Desde distintas latitudes de esta larga franja de tierra al Sur de América.
12 de enero de 2010

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