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Entre la refundación del gobierno de los poderosos o la construcción de un nuevo ciclo político para Chile

Declaración Pública del Movimiento Surda:

Entre la refundación del gobierno de los poderosos o la construcción de un nuevo ciclo y proyecto político para Chile

Es imposible pensar en tener un acercamiento totalmente perfecto respecto de la disyuntiva con que titulamos esta declaración, la verdad tampoco sabemos si tal disyuntiva existe hoy “en los hechos”, pero para efectos de nuestros esfuerzos, enmarcados en el escenario político en desarrollo, hace falta ir jugando un poco a descifrar cómo se nos vienen los próximos meses. Open mind, como dicen, con la mente bien abierta.

En general, el enfoque político pesimista, el que reniega, el que acusa o el que se muestra culturalmente “anti-todo”, es básicamente predominante en el discurso político de las fuerzas cuya identidad se construye desde “la izquierda”. Más que de una realidad temporal, se trata de una lógica permanente que, como resulta finalmente obvio, convoca sólo a los convencidos, se rodea de ellos, va con ellos a las marchas y construye sus verdades con altos niveles de ensimismamiento y falta de sintonía con las mayorías; tienen únicamente a ellos mismos como sus amigos en facebook, y comparten con pequeños matices que la nueva crisis del capitalismo es por supuesto terminal y que ya se siente en el aire el perfume delicado pero intenso a un Socialismo que “se viene” de la mano de nuevas vanguardias e iluminados de última hora. En un guión como este, no hay duda de lo simple que resulta separar el mundo entre oprimidos y opresores, entre consecuentes y “vendidos”, o entre buenos y malos, dejando el amplio reino de los matices para constelaciones de otras galaxias o debates de otros tiempos.

La Surda, cuyo esfuerzo político no busca ser “el” representante del pueblo ni “la” voz de los trabajadores o los estudiantes, prefiere hablarle a todos esos sectores y a otros más siendo profundamente honesta en su práctica política: somos la expresión de un grupo de personas organizadas que se autorepresenta políticamente, que intenta expresar un nuevo sentido común crecientemente mayoritario, y que se ubica como una más entre otras tantas organizaciones y movimientos que empujan en una dirección similar. Así, sin más y sin grandes e ilusorias pretensiones. Y si hay un elemento que nos define y que al mismo tiempo nos genera conflictos incluso identitarios con la izquierda en su formato más tradicional, es precisamente ello, reconocer que “el sujeto” somos nosotros mismos, pero que también ese mismo sujeto es diverso, multicolor, y lleva consigo un sinnúmero de banderas, demandas, formas de ver el mundo y el país. Que la transformación de lo que sea comienza por nosotros mismos, que la revolución comienza por casa, que las alianzas y las redes constituyen un eje central en el desarrollo de un trabajo político que se construye y que se articula desde el más puro sentido común. Somos –políticamente hablando- lo que son los espacios y las redes sociales en las que nos desenvolvemos: somos entonces sindicatos, pobladores, ambientalistas y estudiantes; somos también trabajadores, pequeños emprendedores, grupos anti-prohibicionistas, profesionales, americanistas. Desde esos mundos y para esos mundos hablamos: un mundo donde caben todos los mundos. Desde la Autonomía social y política de las y los sujetos es que hablamos.

¿Votar y solo votar en diciembre?

En un escenario político inédito, se hace urgente hablar con menos prejuicio. Señalar que las posibilidades de disputa y emergencia política están hoy más abiertas que nunca desde que la Concertación se instaló en La Moneda no supone acierto alguno, está más que claro para una cada vez más amplia franja de la sociedad que “algo está pasando”. El asunto es que, nos guste o no cómo esto se ha dado, este año ni la derecha ni la Concertación tienen certeza alguna. Y eso ya es bueno. El escenario, esta vez altamente impredecible, nos pone en una disyuntiva mejor que decidir por quién se vota en una segunda vuelta, esta vez las decisiones deben jugarse en el plato principal: hay que hablar de lo que se hace ya en primera vuelta, solo así tendremos por primera vez algo que decir respecto de la segunda, que no sea solo mirar por la tele como se transmite en fragmentos lo que sucederá con el futuro inmediato de Chile.

Sí, estamos hablando (entre otras cosas, claro) de la candidatura presidencial de Marco Enriquez-Ominami, de lo que se expresa hoy en las conversaciones cotidianas, en los números de las encuestas, en el temor de las elites por sucesos que no han partido desde su control y “gobernabilidad”, sin desconocer que se trata nuevamente de un reacomodo al interior de la misma elite, porque sigue siendo básicamente la misma, eso no es lo que está en juego. En esta parte no a poca gente se le eriza la piel, pero tranquilos, no es que desde nuestra surdez estemos pensando en salir a poner nuestra banderita detrás del hijo rebelde de la Concertación, más bien nos estamos preguntando en voz alta sobre las amenazas y las oportunidades de este momento político, de manera clara y abierta, sometiendo esta reflexión sin filtros al ojo público. Así entendemos la política.

Nuestra pregunta es más bien simple, ¿estamos frente a la refundación de la Concertación –como expresión política de los poderosos- o frente al proceso gestacional de un nuevo pacto político de las mayorías?.

Quienes quieran llegar políticamente vírgenes a diciembre, absténganse de seguir leyendo. Quienes crean que se hace política manteniéndose químicamente puros, también. De procesos políticos testimoniales y sin mácula está llena la triste historia de la izquierda chilena, son los que finalmente no cambian nada, porque tampoco quieren cambiar ellos mismos, en tanto la hegemonía política de los poderosos se consolida, se perfecciona y se hace en definitiva infranqueable para las fuerzas políticas populares y los movimientos sociales que intentar abrirse paso en el Chile de hoy. Y esta es una parte esencial del punto: la posibilidad de superar históricamente a la Concertación y su pacto de gobernabilidad con la derecha pareciera jugarse desde un pacto político que incluye, diciéndolo en términos sociológicos, actores del mundo popular y sus organizaciones de base, como también de las capas medias y procedencias progresistas de diverso tipo, algunas de ellas de sectores dirigentes o acomodados de nuestra sociedad chilena. Tal cual.

Así las cosas, y bajando a lo concreto, uno puede hacerse una pregunta evocativa: ¿pueden los Navarro y los Enriquez-Ominami liderar un proceso político constituyente para un nuevo pacto político? O refiriéndonos a los actores colectivos que empujan esas candidaturas: ¿Están en el MAS, en Nueva Mayoría, y en las organizaciones y movimientos que han venido trabajando en esos espacios (entre otras la misma Surda), los gérmenes de un gran frente amplio, conglomerado, referente social y político que vaya construyendo las posibilidades de ser mayoría y gobierno prontamente en Chile? ¿Es posible pensar en una superación del esquema binominal que sea más transversal y de “sentido común” que únicamente desde una “izquierda” que a lo más que ha aspirado ha sido no caer en la insignificancia electoral, o en el mejor de los deseos, reconstituirse como “tercio político”? Lo otro sería creer que las fuerzas políticas populares y exclusivamente de izquierda puedan, en el horizonte inmediato y en el otro, generar las condiciones para romper la hegemonía política de la derecha, de la concertación y a la vez constituirse en alternativa de gobierno, cuestión que ni siquiera se ha dado en las nuevas experiencias políticas tan exitosas en otros países de nuestro continente.

Para nosotros esta vez no hay segundas vueltas que darle: Piñera no, Frei tampoco. Para nosotros esta vez no se trata del candidato, se trata por primera vez de un proyecto político que puede comenzar a gestarse hoy, que convoca nuevas mayorías y movimientos sociales al alza en número, incidencia, y capacidad creciente de ser gobierno.

Para la Surda, que juega sus primeros candidatos en las elecciones parlamentarias de diciembre, el óptimo político era el pacto parlamentario que hasta último momento intentaron representantes de Nueva Mayoría y el MAS, lamentamos que finalmente no llegaran a un acuerdo de plena satisfacción para todos, pero esta dispersión inicial no debiera erosionar de manera sustancial algo que vaya más allá de diciembre y que suponga la consolidación de una fuerza política distinta de la izquierda tradicional y evidentemente antagónica de la derecha y la concertación. Una fuerza política que transforme en anécdota el efecto mediático inicial que significó la aparición de Marco Enriquez-Ominami, para que la centralidad sea ver el país como una posibilidad abierta y nunca más como un terreno de propiedad de los otros.

Y ya que estamos hablando desde la más pura sinceridad, creemos que para ello es clave el papel del MAS y los sujetos sociales que hablan desde ahí, que hasta ahora no han logrado aún sentir como propio todo el esfuerzo político que se despliega con tanto olor técnico y apariencia publicitaria desde el comando presidencial de Marco Enriquez-Ominami, pero que con un tanto de voluntad, generosidad, y espíritu constructivo, puede ser el eje de una convergencia de gran relevancia para los tiempos que vienen. Falta un proyecto político que mire el pasado sin culpa ni justificaciones. Falta un proyecto político con menos fantasmas y más anhelos puestos en marcha.

Falta un proyecto político para el cual el tema no sea ser más o menos de izquierda, sino constituirse genuinamente, no como pura expresión de consigna o de membrete, en una nueva mayoría, en una expresión “a la chilena” de eso que es ya más visible y avanzado en otras tierras de nuestro continente.

Si este escenario electoral le puede dejar algo que valga la pena al país, más allá del papel picado y los muros con pintura, es la constitución de una fuerza que demanda la unidad de dos sectores políticos que no sabemos si logran entender esto como una posibilidad, nosotros cumplimos simplemente con decir en voz alta esto que venimos pensando hace un rato: que no sea este el año en que la Concertación o cualquier otro acuerdo excluyente y tranzado entre las elites comiencen su período de reconstrucción y refundación, que más bien sea el año en que ya haga visible y palpable la gestación de un nuevo pacto político de mayorías y movimientos emergentes, de figuras públicas y organizaciones sociales, que vayan abriendo paso y construyendo una nueva etapa histórica en nuestro país.

Con la esperanza intacta y construyendo el Nuevo Chile,
Movimiento Surda
Septiembre del 2009

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