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“Un Frente Amplio para un Nuevo Chile” – Propuesta Surda de Noviembre del 2004

Movilización social en Tomé

En el contexto de estar a pocas semanas de unas nuevas votaciones en Chile, y dado el inédito panorama electoral y la posible irrupción de un nuevo conglomerado político a nivel nacional que exprese una verdadera vocación de mayoría y de transformación social para nuestro pueblo, les presentamos un documento del Movimiento Surda publicado hace 5 años, en noviembre de 2004, donde planteábamos, entre otras cosas, la necesidad de articular una candidatura presidencial que plasmara esa nueva fuerza social y política que veíamos poco a poco madurar y crecer… pasaron 5 años, y aquí estamos… aquí va, y aprovechando de hacer enlace con las elecciones recientes en Uruguay, que pusieron al compa Pepe Mujica encabezando un nuevo gobierno del Frente Amplio, se las presentamos con algunas imágenes del frenteamplismo uruguayo:

Un Frente Amplio para un Nuevo Chile
Movimiento SurDA, Noviembre 2004

A nuestros amigos y compañeros de ruta
A las organizaciones sociales y de base
A la izquierda y sus organizaciones
A los adherentes honestos a la Concertación, que han visto a las cúpulas traicionando sus esperanzas
A nuestro pueblo:

En América Latina se va afirmando una corriente de nuevos gobiernos y movimientos populares, con base en movimiento sociales y organizaciones políticas que no temen la adversidad de las condiciones actuales para ser alternativa de país. Aunque es un proceso abierto y con contradicciones, claramente se proponen detener el saqueo y abuso que los grandes poderes nacionales y mundiales ejercen sobre los pueblos, con innovación de las formas tradicionales de la izquierda, participación masiva, educación política, responsabilidad social y poniendo la unidad latinoamericana como urgencia para tener más peso en el mundo globalizado.

En Chile, para el objetivo mayor de la transformación social, es fundamental levantar sin demora una alternativa política nacional, un nuevo ideario de emancipación social, que se integre a la política continental. Eso lo entiende una pluralidad de fuerzas. Nosotros nos sumamos a esa voluntad. La posibilidad de caminar en dirección a la igualdad, a la justicia social, al progreso económico y cultural, radica hoy más que nunca en la capacidad de producir proyectos nuevos, de desestructurar el régimen político excluyente y proyectar un país mejor para todos.

Desde los escándalos judiciales que han golpeado a los bloques dominantes a los resultados de las últimas elecciones municipales, resulta claro que las opciones que disputan la dirección de nuestra sociedad son fuerzas agotadas, sin verdaderos proyectos para la mayoría de los chilenos. Han convertido la política en algo cada vez más inmoral, donde los intereses de personas y grupos se imponen sobre las mayorías. Es la vieja política, que perdió su disfraz, y se muestra como es, desgastada, sin nada nuevo que ofrecer a nuestro pueblo, sólo maniobras comunicacionales de brillo artificial.

De la Concertación que nos prometió alegría e igualdad no queda mucho. En 15 años hemos visto como sus directivas se acomodaron al poder y negociaron su ingreso a la élite, sellando una democracia sin pueblo, donde todo se corta por arriba con la derecha y los grandes poderes. Hoy los ricos son cada vez más ricos, y la diferencia entre las oportunidades de la clase alta y las del resto de los chilenos es cada vez más chocante. La perdida de credibilidad de la Concertación abrió paso al ascenso de la derecha, que hasta las últimas elecciones aparecía como única posibilidad de cambio.

La derecha chilena sigue siendo reaccionaria, aunque haya renovado su proyecto de regresión social y defensa de los intereses de los poderosos. Heredaron lo peor de la historia de las masacres, injusticias y arbitrariedad que tiene Chile, pero además levantaron un proyecto de futuro, aberrante por cierto, que se proclamó en aquel acto de Chacarillas en 1977, el proyecto de la “revolución silenciosa” de Lavín, de la transformación económica a favor de los grandes capitalistas, del autoritarismo social de la UDI, del fundamentalismo de los grupos católicos reaccionarios.

Esa generación de Chacarillas, que consolidó su poder por medio de cúpulas y negociados, persiste en mostrarse como la posibilidad de recambio en la política chilena. No son más que pinochetistas que renegaron de sus responsabilidades cuando la cara sucia de la dictadura asqueó los chilenos, para que no viéramos hasta donde ellos también tenían las manos manchadas de mentira, de codicia, de sangre. Nuestra responsabilidad es construir una nueva mayoría social que destierre políticamente a la generación de Chacarillas y lo que representa.

Hay condiciones para la articulación

Estamos ante un escenario propicio para articular alternativas. Las elecciones municipales se “presidencializaron”, y el “casi empate” que se pronosticaba entre la derecha y la Concertación, unido a la imagen imbatible del lavinismo, hicieron de los comicios más una pelea entre bloques partidistas que un espacio de participación democrática y debate sobre desarrollo local.

Las recientes elecciones mostraron primero, y sobre todo, el frenazo electoral de la derecha política. Mostraron también que los dos bloques del binominalismo bajaron su votación, en porcentajes y en cantidad de votos. Sólo subieron su votación la izquierda y los independientes. Ese es un hecho claro. Pero mostraron, además, para quienes quisieron verlo, que más de cuatro millones de chilenos en edad de votar, inscritos y no inscritos, no están participando de forma efectiva en las elecciones. Por otro lado, la presentación unitaria de la izquierda, a través del pacto Podemos, mostró el poder de la articulación, que junto con permitir el incremento en votos de las partes, permitió que se sumara un importante contingente de independientes. Articularse es crecer.

Poco antes de las elecciones municipales se dieron hitos importantes en el mundo social organizado. Las posiciones de izquierda triunfaron en las elecciones de los principales referentes sociales del país. En la CUT, el nuevo grupo de Convergencia Sindical (Surda, Fuerza Social e independientes) alcanzó una votación de casi el 10%. En la Fech, la lista de la derecha salió cuarta entre cinco listas, mientras el trabajo unido de los Estudiantes de Izquierda, la Surda y sectores progresistas de la Juventud Socialista dio como resultado la primera mayoría en dicha federación. Las elecciones en varias otras federaciones universitarias a fines de noviembre confirman la vitalidad de la SurDA el movimiento estudiantil. Fuerza Social por su parte, lideró las elecciones en el Colegio de Profesores. El Podemos, en especial el Partido Comunista, protagonizó destacadas intervenciones en la CUT, la Fech y otras organizaciones.

De modo que hoy esos referentes sociales (y otros más) son liderados por un sector, aún algo disperso y sin dudas diverso, constituido por una izquierda y un campo progresista, que incluye al Podemos, a una franja de militantes concertacionistas de espíritu progresista y a un conjunto de colectivos y organizaciones que proponen nuevos caminos para la política popular. Por todo ello, asumimos que la votación de la izquierda y de los independientes en las municipales, el liderazgo social de este sector y la fuerza moral de una nueva generación de luchadores sociales constituyen auspiciosos puntos de partida para una actuación política resuelta y decidida en la coyuntura presidencial.

Frente Amplio para un nuevo Chile

No nos interesa romper el binominalismo para abrir las puertas de las cúpulas a unos pocos nuevos privilegiados, aunque sean de buenas intenciones. No se trata de luchar sólo contra ese binominalismo que impide la expresión institucional de conglomerados políticos formales, sino enfrentar todo el régimen de exclusión –del cual los vicios del sistema electoral son sólo una parte- que impide la organización, la politización y la expresión efectiva de una multitud de esfuerzos de acción cultural, social, e incluso política, de diferentes agrupaciones, organizaciones sociales, nuevas asociaciones.

Nuestro esfuerzo no debe centrarse únicamente en modificar las condiciones de la disputa electoral. El poder de las bases, de las mayorías organizadas, representa el pilar que permite construir una democracia con justicia social.

Dicho poder de base debe encontrar los cauces de expresión sobre la totalidad social, porque es de cara a la situación de todos los chilenos, incluso de cara a los problemas que enfrenta la humanidad en este tiempo, que vamos a lograr potenciar creativamente la construcción de un proyecto de vida humana que supere los males que los dueños del mundo, en su insana búsqueda de capital y poder, imponen a la gente común.

De modo que la participación de los esfuerzos de base en la coyuntura política mayor no implica una fuga hacia la vieja práctica de las cúpulas, sino que permite, por el contrario, una apropiación social, más democrática, de los espacios políticos que han estado dominados de forma excluyente por los grandes bloques. La acción política de los esfuerzos de base potencia la idea y la práctica del cambio social, vincula de forma más clara las intenciones de la construcción local con la construcción de un Chile y un mundo mejor, y permite, por tanto, despertar nuevas conciencias y entusiasmar nuevas voluntades.

Por otro lado, resulta urgente superar el anti-neoliberalismo testimonial y construir una amplia fuerza social y política que sea capaz de expresarse en el país, que constituya una base efectiva de oposición al modelo, capaz de comenzar a detener la implantación de medidas dirigidas a favorecer a los más ricos a costa de la mayoría de los chilenos. La izquierda está retrasada en asumir esa centralidad, y no sobra el tiempo. Actuar hoy implica asumir las tareas de construcción de esa fuerza amplia que incida realmente en el desenvolvimiento de nuestra sociedad. Es la actitud más transformadora.

No valen pretextos puristas para la mezquindad, no vale escudarse en el temor a “desperfilarse” y defender la “coherencia” a costa de la incidencia. Lo peor es exiliar a la izquierda en los templos moralistas del estrategismo y sentirse cómodos porque la piel de las organizaciones mantiene la limpieza de las cosas sin uso, mientras a nuestro pueblo se le receta a diario una nueva medida neoliberal y los únicos proyectos viables que tiene a su alcance son más de lo mismo o algo peor.

Las garantías que necesita la causa de la justicia social deben ser construidas en caliente, asumiendo una participación activa y decidida en la lucha política. Como siempre, la garantía de que nuestros esfuerzos devengan efectivamente en el avance de una nueva alternativa política antineoliberal, democrática, por la justicia social, no radica más que en la fuerza real, efectiva y visible, que este sector logre instalar en la escena política.

Asumamos las tareas políticas de cara a la situación y condiciones reales. Sumemos las fuerzas de la izquierda y el progresismo honesto, de los nuevos movimientos y las organizaciones sociales, e invirtamos sin temor esa potencia en la lucha política sin transar ni medio principio. Dejemos de enumerar los males del capitalismo desde fuera de la escena política y comenzamos a incidir de hecho en los destinos de este país; es la única garantía real de la coherencia de nuestros ideales.

Es la hora pues, de construir la incidencia política. La actual reconfiguración del escenario político se extenderá al menos hasta las presidenciales y parlamentarias. Sostenemos que el amplio mundo de las organizaciones comprometidas con la justicia social debe expresarse con claridad y fuerza en la coyuntura que se extenderá hasta finales del 2005.

Para ello es central construir un Frente Amplio que actúe articulado, unido por un acuerdo programático sobre los grandes sueños que nos unen y por el consenso político sobre la necesidad de actuar juntos. Un Frente Amplio que sea más que la suma de sus partes, que tenga un nombre nuevo, no asociado a una identidad particular de un partido o movimiento, y donde en el respeto a los acuerdos comunes cada cual pueda mantener su autonomía. Un espacio donde puedan articularse personas, organizaciones y grupos, con respeto a su diversidad, en forma libre, cohesionados no por reglas u obligaciones, sino por su conciencia y su compromiso.

Para ello, hoy necesitamos convocar con sentido amplio y sin sectarismos a todos aquellos que son críticos del estado actual de cosas en el país, que están descontentos con la práctica real -más allá de las promesas- de los gobiernos de la Concertación, a todos aquellos que quieren ver que su localidad, su región, su país, toman un rumbo de justicia social, de igualdad, de progreso. Convocarlos a todos sin sectarismos a respaldar esta posibilidad, de todas las formas posibles, desde la participación más militante hasta el acto secreto del voto. Todos los esfuerzos son necesarios.

Para nosotros tiene sentido la política en la medida en que permite construir un ideario y una práctica de justicia social. Desde esa convicción, creemos imperativo levantar un nuevo proyecto para refundar este país arrinconado por la ambición de las élites. Construir una nueva república, una nueva sociedad de la igualdad, de la justicia y de la participación. Ese es el sentido mayor que nos anima a la articulación amplia.

En términos concretos, lo primero es construir condiciones efectivas para que una real amplitud de esfuerzos participe en la construcción del nuevo referente. Organizaciones de diverso tipo, sociales, sindicales, estudiantiles, colectivos culturales, organizaciones ciudadanas, asociaciones de mujeres, movimientos políticos, partidos, etc.

Dichas garantías no son un supuesto. Superar en experiencias concretas de articulación las distancias que aún existen entre diferentes ámbitos de nuestro sector no se resolverá mecánicamente. La primera voluntad política es la democratización de la lucha por la democracia.

Para ello, es fundamental no colocar en primer término la acción de los precandidatos legítimamente proclamados por aquellas organizaciones más cercanas a los procedimientos tradicionales de la política. Dichas figuras y las organizaciones que los respaldan, junto a un amplio conjunto de movimientos y asociaciones que no nombrarán precandidatos, pueden protagonizar un debate generoso y abierto para construir juntos una voluntad política común y un conjunto de ideas que la sustenten. No hay que poner la carreta delante de los bueyes. No hay que reproducir ninguna de las formas cupulares de la vieja política. Si de algo no se trata la construcción de un nuevo Frente Amplio es de negociar pesos y porcentajes.

Es sobre esa plataforma de puertas abiertas, de democracia y sin hegemonismos, que se debe edificar una estrategia política para la coyuntura del 2005.

¿Por qué las presidenciales?

El nuevo Frente Amplio debe distinguirse en la escena política nacional con una candidatura única a las presidenciales y una lista parlamentaria única, que reúna al conjunto del sector.

Se trata de participar en las elecciones pero no detenerse allí. El centro de esta política de convergencia está colocado en instalar una nueva alternativa, rigurosamente situada fuera de los reglamentos del binominalismo, claramente diferenciada de la Concertación y la Alianza, donde más allá de lo electoral quepan los temas que no importan a los poderosos o que estos no resuelven. Se trata de una política electoral no electoralista.

No nos interesa el ensanchamiento de la Concertación hacia la izquierda. Esta es un proyecto agotado que si gobierna este país por cuarta vez, será sólo porque ante la caída de su contraparte, la derecha, el mundo popular no ha logrado encontrar aún las vías para romper con la exclusión y constituir actores políticos eficaces.

no regalarle los proyectos de país a los representantes políticos de los sectores dominantes.

Una candidatura para que todos los militantes por un mundo mejor salgan a las calles, para superar el trabajo localista, dejar de mirarse el ombligo, reunirse con quienes están esperando que les propongamos, los invitemos. Nuestra tarea principal, como agentes de la transformación, es construir fuerza social organizada, y si las luchas sociales se encuentran en baja, es prioritario aprovechar al máximo este espacio. Estas elecciones nos deben servir para quitar el velo de la realidad social y política del país, para ver quiénes somos, qué fortalezas tenemos y dónde están nuestras debilidades.
De esa suerte, para la SurDA las victorias a construir en las presidenciales no son sólo electorales. Importa, por cierto, la votación de nuestra opción; pero es principal que esta campaña deje como resultado un fortalecimiento efectivo de la organización de las bases. Que florezcan nuevas organizaciones, que crezcan las ya existentes, que nuevos jóvenes dirigentes aparezcan en escena, que gente que se fue para la casa sea reconvocada.

Si queremos estimular las luchas sociales y la construcción de un amplio movimiento social que se oponga de manera eficaz a los administradores de la injusticia, debemos potenciar la mayor cantidad de instancias en las que el pueblo se organice, se reconozca y comience a reconstruir confianza y esperanza. Sin pueblo organizado no tendremos fuerza y no podremos avanzar en la transformación. En estas elecciones debemos ser capaces de utilizar las mayores y más variadas formas de comunicación y expresión, en forma creativa y dinámica. Necesitamos construir triunfos, victorias, definir nuestros propios escenarios de lucha, ponernos desafíos. Superar en una elección presidencial el 9% es una meta audaz por la cual debemos trabajar desde ya.

Creemos que el mejor candidato presidencial es aquel que tenga prestigio y credibilidad real ante la gente, que tenga trayectoria política. Que tenga amplitud para captar no sólo el voto de izquierda, sino fundamentalmente sumar el descontento que existe en la base de la Concertación. Un candidato con carisma, que permita llegar a los amplios sectores que hoy no participan de las elecciones. La gente tiene claro qué candidatura quiere: nuestro desafío es escuchar y ver.

Una candidatura única e independiente que aúne las voluntades sinceras de transformación y justicia social, que abra a todos los referentes y sensibilidades políticas de este amplio sector político y social la posibilidad de articularse con igualdad de condiciones.

• Una candidatura hecha por la gente, inundada de jóvenes, de mujeres, de niños y adultos. Inundada de gente honesta, de artistas, trabajadores y trabajadoras, cristianos de base, estudiantes, deportistas, poetas, artesanos, profesionales. Una candidatura de todos los excluidos y discriminados, de quienes han sufrido injusticias, de los explotados. Una candidatura de abajo hacia arriba, llena de caras de chilenos y chilenas sencillos, donde sea central la voluntad popular, con un énfasis establecido por las demandas ciudadanas siempre desoídas por la política de los poderosos.

Una candidatura de construcción y crecimiento, hecha por las bases organizadas, democrática y participativa, que se nutra de los diferentes esfuerzos sociales pero que también aporte a ellos, que tenga ejes nacionales pero esté a disposición de las necesidades locales. La campaña debe servir para acrecentar las fuerzas, para sumar gente nueva, para hablar más alto.

Una candidatura capaz de expresarse en la institucionalidad sin volver un minuto la espalda a las bases. Inundada de organizadores y activistas de base, de militantes sociales y militantes políticos, que se planteen canalizar la capacidad de nuestro pueblo para producir su existencia material, para gobernarse, para construir sentidos de desarrollo.

Una candidatura libre de las ataduras de la vieja política burocrática y cupular, que no excluya a las organizaciones políticas, y por el contrario las potencie, pero que promueva y valide con la misma energía las múltiples formas de participación política propia de los movimientos sociales y la ciudadanía.

• Una candidatura desde una política nueva para un país nuevo y mejor. Que rescate la tradición de lucha social de nuestro pueblo con sentido de futuro, haciéndose cargo de los desafíos actuales. Capaz de superar radicalmente los procedimientos y el sentido mismo de la vieja política falta de ética.

• Una candidatura de pan para hoy y pan para mañana, centrada en abrir una nueva época en la lucha de los excluidos, que haga posible proyectar los esfuerzos a cuatro años más, de trabajo durante esos años y de una nueva disputa cuando haya trascurrido ese mandato presidencial.

• Una candidatura que se distinga por su vocación de propuesta. Identificada contra el neoliberalismo y toda forma económica opresora que genere desigualdades, contra toda forma de exclusión política y antidemocrática; pero distinguida principalmente por su permanente capacidad para proponer caminos alternativos para una vida mejor para nuestro pueblo.

• Una candidatura que ponga como motor del desarrollo y prosperidad el trabajo y los trabajadores, y no la especulación y los capitalistas, que ponga como centro del progreso el conocimiento avanzado y universalizado, abierto, y no los saberes parcializados y privatizados. Que levante la bandera de mejorar significativamente la salud publica, de hacer de la educación publica un espacio real de formación y oportunidades, de crear nuevas opciones públicas de jubilación para una vejez digna.

Una candidatura que defienda recuperar la soberanía nacional sobre nuestros recursos y nuestro futuro, e integrarnos a Latinoamérica y al mundo. Una candidatura para defender la cultura viva, libre y abierta, para masificar el arte y valorizar nuestra identidad y patrimonio cultural. Una candidatura que defienda una idea de progreso y felicidad humana en armonía con la tierra y la vida.

El proyecto de la SurDA

La Surda es un movimiento político amplio, abierto a la diversidad social. La integran trabajadores, profesionales, artistas, jóvenes de todas las edades, dirigentes y luchadores sociales. Nos sentimos herederos de una larga historia de luchas por la emancipación humana, pero nos sabemos libres para crear un camino distinto a la propuesta tradicional de la izquierda.

Somos parte de un nuevo Chile en movimiento, de ese gran bloque político y social que hay que fortalecer, y que será el real protagonista que encabezará y sustentará las transformaciones sociales, disputándole la hegemonía a las actuales clases en el poder. Por ello, la Surda es una herramienta para las actuales luchas por el mejoramiento humano, no tiene sentido en sí misma, es un medio para que un conjunto de capas y sectores sociales se constituyan políticamente y encuentren un nuevo rumbo para Chile, sometiendo a los actuales poderes a la voluntad mayoritaria.

Nuestra política es la construcción y politización de los sujetos sociales masivos, organizados y autónomos, ya que entendemos que la base para una política de transformación es una fuerza social real, donde incluso puedan confluir partidos políticos, pero sin que se delegue a éstos la tarea de la lucha política directa que es fuente de su poder.

Por ello, creemos que el fin ultimo de la política y la transformación social es tejer las condiciones para la felicidad humana, para avanzar hacia una mujer y un hombre plenos, libres, solidarios. Cada ser humano contiene un potencial de plenitud que debe ser liberado en conjunto con otros y otras.

No creemos en una sociedad perfecta e inmóvil, pero sí tenemos el convencimiento que hoy existen condiciones para que en el mundo no haya hambre, pobreza, exclusión, ignorancia, guerra, injusticia, y sufrimientos evitables. Las respuestas a esas demandas no están en las soluciones capitalistas y neoliberales, pero tampoco en un Estado burocrático y omnipresente en la sociedad. Para la Surda lo público no es ni estatal ni privado: es lo común, lo social organizado, se funda en el compromiso de los pueblos.

Como Surda consideramos que la nueva sociedad no se construye después de la “toma” del Estado. La nueva sociedad no se empieza mañana, sino que se hace desde las luchas actuales, por menores que parezcan. Por ello, el verdadero poder que queremos se construye en el convencimiento y el ejemplo, en la solidaridad; en la lucha por ser mejores y por hacer del mundo un lugar con futuro para nuestros hijos y las generaciones venideras.

No creemos en las soluciones autoritarias o elitistas, sino en el ejercicio de la autonomía, la libertad, el crecimiento de la conciencia y el convencimiento en acción de las grandes mayorías sociales, de la multitud humana de diversos rostros, voces y colores. Confiamos en la emancipación humana como fruto del trabajo colectivo y la voluntad individual: la política es verdadera cuando se hace de cara a la gente, cuando es firme pero limpia.

Hoy existe un nuevo Chile en movimiento, que es mucho más avanzado que la clase dirigente, que valora lo regional y lo local, que integra a la juventud solidaria, a los pueblos originarios que defienden su identidad, a los trabajadores que buscan dignificarse y progresar, a las mujeres que abren nuevos espacios para su desarrollo y el de sus familias, a los estudiantes que quieren nuevos espacios y conocimientos, a los microempresarios, los pequeños comerciantes y los emprendedores familiares que forman una economía de esfuerzo para el bienestar y el trabajo.

Vivimos en un Chile que tiene una mentalidad más abierta, más comprensiva y tolerante que los guardianes del fundamentalismo religioso, porque tiene más fe y espiritualidad que todos los falsos profetas juntos. Un Chile avanzado, que quiere ser más feliz, vivir mejor y que comienza a pugnar por actualizar las relaciones de poder y romper las trabas de todo tipo que imponen los de arriba para mantener sus privilegios. Un Chile donde el individualismo, la violencia, el consumismo, no es el estado natural de la gente, sino una respuesta inducida desde los intereses de los poderosos.

A la clase dominante chilena le cuesta cada día más ocultar que el nuevo eje de luchas en Chile no es entre democracia civil o dictadura militar, sino entre una pequeña élite formada cupularmente por grupos de poder que quieren mantener sus privilegios a toda costa y una mayoría social diversa, todavía despertando de una larga noche de temor y frustración, pero con claros deseos de reclamar sus derechos, sus espacios, su calidad de vida y su esperanza.

Hoy la vieja política en Chile consiste en cómo la clase dirigente busca bloquear y distraer la emergencia de este nuevo Chile de las mayorías, para lo cual tiene a su disposición la clase política, los medios de comunicación, el capital. Y la nueva política consiste en cómo éstas mayorías se organizan y superan las trabas para alcanzar un mayor poder en la sociedad. Para la Surda el desafío es avanzar hoy sentando las bases de un gran bloque político social progresista, que para el Bicentenario sea la hora de una nueva mayoría capaz de conducir al país hacia una mayor soberanía, justicia social, democracia y participación.

Movimiento Surda
Noviembre de 2004

Comentarios

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Fecha Martes, 11 de Mayo del 2010 at 20:38

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